No temo al calor, ni al helado invierno.
Mis fauces son ya faisanes furtivos.
No temo a las grietas en mis adentros.
Respiro la sangre de glaciales dormidos.
Mentiras se vierten, como luciérnagas,
por sobre el manto que drena latidos.
Resbalan de mi piel palabras oníricas
Mis ojos son dardos de dos fugitivos.
Tibieza en la soledad, tibieza el mar, tibieza el camino.
El pájaro con escamas sigue,
en su eterna lucha por cortar el hilo.
Tibieza, mi cabeza etérea menguando mis gritos.
Construí mi casa del viento que emana sentidos,
delfuego neurótico, guijarros infames y tierra seca;
Pero dentro aún se esconden mis dedos esquivos.
Mi espalda larga es el río de mis alas muertas.
¡Pero no temo al calor, ni al helado invierno!
Ya no vivo en las olas que hundían mis nidos.
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