Monólogo de mi alma descarriada a la suya, tan lejana.

Es hermoso, palpar la eternidad. Asirla suavemente, con presteza, y sentir que será tuya para siempre. Mas es éso, es eterna, y debe seguir fluyendo en su denso manantial de colores inextricables.
Es hermoso, llegar a la novena nube, a la novena esfera, al escalafón noveno de las suaves estanterías, enfrentando vocecillas que prometían que sería sencillo si estaba en los designios del universo. Y seguían hilando, hilando y tirando de mi manita de niña; prometiendo, hilando e hilando, que los designios eran ciertos.
Es hermoso, lograr ver tonalidades de colores completamente nuevos. ¡No más azul, gris ni violeta! Sentir el arcoiris para sí, entero. Y sonreír y danzar, convirtiendo al recipiente del alma en un deva corpóreo, con voluntades plenamente definidas, y el daguerrotipo de una vida proyectándose en el cielo.
Es hermoso, mas como las redes del universo, no es eterno.
Fue una expansión magnificada, un superlativo y un hiperónimo que cayeron como anillo al dedo. Fueron soledades demasiado compartidas, demasiadas coincidencias, accidentes del destino o designios recortados. Fuimos almas unidas por un mil por ciento de lo mismo, apasionadas y sensibles; con la habilidad incierta de poder palpar el destino. Pero lo cierto es éso, fuimos.
Entre distancia, olas y pinos, fuimos.
Aunque, como amantes, nunca compartimos la caricia perdida, los esteroides del ocaso o el reflejo en unas mismas aguas. Fuimos, fuimos, fuimos.
Fuimos tus ojos rebosantes de brillo, fuimos tu voz fuerte y segura, y la energía brotando de tu cuerpo tibio. Fuimos las hojas de mis libros hindúes, las amapolas escondidas en mi almohada, el campo energético pegadito a mi epidermis...
Mas no, nunca hubo nada. ¿Acaso ese fuimos, ese ser conjugado en  pretérito, implicó algo más allá de la existencia, del laberinto del minotauro y la deificación de la esencia?
Sí, juntos fuimos, somos. Rozamos corazón y éter, líquidos ingrávidos que urgían rebuscar en el interior. Palabras plasmadas, signos, la representación de un mundo sensible tras una pantalla me trajeron más auto conocimiento del que todos esos libros a lo largo de los años, del de esas experiencias que creía me habían hecho crecer. Era ciega y buscaba el crecimiento, pero ahora sé que la clave de la realización está en ser un niño que convive y se hace uno con su chakra Anahata.
Fuimos. Eras.
Eras tantas cosas, ¡dios mío! ¿qué no eras? Eras la mezcla adecuada en la dosis perfecta. Eras tú, lo sabía a ciencia cierta.
Pero para ti, siempre había sido ella.
Tú eras para mí un nuevo comienzo, el giro drástico de un ciclo que comienza. Eras mi fuego, mi muerte y mi renacimiento, ¡tú eras!
Pero para el universo era otra cosa, éso que tú eras. Eras en realidad la tierra, la fertilidad estable, el esfuerzo y los frutos, el sol, la cosecha. Tú buscabas tu tierra y te encontraste con mi fuego. Pero ella fue tu tierra.
Nebulosas y estrellas mutando, ciclos eternos, universos paralelos infinitos. Vidas y vidas, cuerpos y ojos, materia y ectoplasma, finito e infinito.
Vuela, nos veremos en alguna nebulosa, en alguna otra vida, o quizás en otra tierra.


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