Ya no existen mis sentimientos sintéticos.
No existen, nunca lo hicieron.
No me martirizaron, no me corroyeron, no me desgastaron el yermo.
No existe la caída de los templos.
No existen templos, de hecho, nunca existieron.
No existen mis lágrimas, ni mis orgasmos, ni mis gritillos histéricos, ahogados, vencidos, ni mi vista del cielo.
Mi vista se nubla. ¡Soy ciega por ratos! Mi vista se nubla, se empapa, se seca, se llena de arena en mis infartos genéricos.
No existen los movimientos del universo -de las pelvis-, ni las primaveras en París, ni los designios de hierro.
Las praderas no existen, se secaron, volaron, cayeron.
No las gotas erradas de color, ni las sinfonías ¡ni los grititos histéricos!
No existen, ¡se derritieron! ¡se convertieron en miedo!
Ni las cartas quemadas, ni el beso sin ganas, ni los ojos hambrientos.
No existen, murieron.
No existimos, fue un sueño.

No existen, nunca lo hicieron.
No me martirizaron, no me corroyeron, no me desgastaron el yermo.
No existe la caída de los templos.
No existen templos, de hecho, nunca existieron.
No existen mis lágrimas, ni mis orgasmos, ni mis gritillos histéricos, ahogados, vencidos, ni mi vista del cielo.
Mi vista se nubla. ¡Soy ciega por ratos! Mi vista se nubla, se empapa, se seca, se llena de arena en mis infartos genéricos.
No existen los movimientos del universo -de las pelvis-, ni las primaveras en París, ni los designios de hierro.
Las praderas no existen, se secaron, volaron, cayeron.
No las gotas erradas de color, ni las sinfonías ¡ni los grititos histéricos!
No existen, ¡se derritieron! ¡se convertieron en miedo!
Ni las cartas quemadas, ni el beso sin ganas, ni los ojos hambrientos.
No existen, murieron.
No existimos, fue un sueño.
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