Mi ojo derecho está muerto. No hay rastro de brillo. Se rehúsa a devolver el reflejo al espejo, pues su aura se fue marchando contigo.
¿Por qué esa mirada tan cruel, cariño? Si orbito en tus brazos, muero en tu esencia y una sonrisa tuya me llena el cuerpo de solsticios.
Tenía esperanza en tu lectura de mí, de la sinceridad en mis ojos, del hueco palpable que ibas dejando con cada mueca distante. Tenía esperanza en los latidos que hace unos días sonaban juntitos: pecho con pecho, epidermis ardiendo, comisuras de piel uniéndose a su ritmo.
Y me parte en dos, cariño. El no recibir sino desconfianza al haberme entregado más que nunca, abierta cual ópalo iridiscente que encuentra su fuero perdido.
Me doy, te soy.
Verdad primigenia de la balanza de Maat en su conexión con el infinito. Te abro mi pecho, mi mente. Léeme entera y verás que cada fibra en mí muere por cierto Virgo.








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