El silencio desnuda la prisa. La constriñe, la estrangula, la sumerge en el vacío.
La frente desinfla las voces, las arterias se expanden, la garganta se aclara.
Y me levanto en la espera, y afianzo el agarre, rogando a cada dios desconocido que sientas tú, al otro lado del cordel, el vigor de mi estremecimiento; que me veas tú, desnuda, como yo te veo en la distancia.
El empuje me saca sudor del pecho. La caja torácica se esfuerza en invisibilizarse para que, aparte de mi llamado desesperado, recibas los gritos de mi corazón cuando logre derrumbar tu barrera. ¿Puedes oírlo, humming in a sentimental mood?
Aprieto más la cuerda y afino los ojos en vano: no logro ver sino a tus reproducciones, que comienzan a empolvarse en mi memoria. Pero sigo halando, camino en tu búsqueda y parafraseo tu olor muy cerquita. El cordel tiene ahora mis huellas por donde he avanzado, teñidas con los colores que me diste; y el vacío tuvo la gentileza de alimentarme con el sonido de tu voz en cada nuevo apretón que doy.
Me estiro, renuente a descansar, pero ralentizando el paso para saborear mejor tus ecos. Me encojo, lanzo un grito en la distancia y me alegro porque logré plantar tu F como un sol en mi horizonte.
Y sigo caminando, halando el cordel hasta sentir la tensión que ejerces, tú, desnudo, del otro lado.
¿Y qué si tú también vienes a mi encuentro?
La prisa vuelve a armarse, liberada y ahora reforzada con tu todo. Me apresuro, corro, corro. El apuro no me deja distinguir ya las palabras que musitas, ¡pero ahora tarareas conmigo porque la caja torácica ya logró desvanecerse!
Me apresuro, corro, corro. El pecho expuesto, el cordel iridiscente de colores que ahora surgen a través de él. Y distingo tu murmullo: "Se aman como nunca nadie ha visto. No hace falta sufrir."
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